Lo que nadie te dice sobre monetizar en Substack
De vez en cuando, me vengo arriba y me atrevo a invitar a creadores con MUCHA más audiencia que yo para que escriban aquí.
Lo de Cris - Una Chica en Finanzas salió muy por casualidad.
Ella estaba lanzando su membresía de pago, una compi de la Mafia restackeó su post, yo le di un consejo no solicitado (juro que ya casi no lo hago), y al final Cris terminó restackeando mi comentario para que lo viera su gente.
Le di las gracias por privado.
Y al final la cabra tiró al monte:
Le pedí que escribiera en esta newsletter para, según le dije textualmente, “hablar de lo tuyo y llevar gente a tu lista”.
Imagínate la pedrada que tienes que tener para ir por ahí con 2.200 suscriptores diciendo a titanes con listas de DIECISEIS MIL lectores que vas a ayudarles a ganar alcance.
Me salió así.
Yo qué sé.
Lo bueno es que Cris, además de ser alguien que sabe un huevo sobre finanzas (y por eso lo de los 16k subs), también es una tía elegante.
Así que aceptó mi invitación.
Pero lo que que prefirió fue:
Regalarnos las ideas que a ella le han hecho crecer aquí dentro.
Si quieres crecer en Substack, que imagino que sí…
Deberías leer ahora mismo esto:
*Deberías suscribirte gratis a su newsletter y en unos segundos entenderás por qué
Bueno, como las presentaciones ya están hechas, voy a ir directa al turrón.
Pero antes de nada, en mi casa me enseñaron que «Es de buen nacido ser agradecido», y por eso, lo primero que quiero hacer es darle las gracias a David, el capo, por invitarme a pasarme por su newsletter de Crecer en Substack.
Me llamo Cris, escribo la newsletter de Una Chica en Finanzas pero hoy no he venido a hablarte de dinero sino de mentalidad.
Hace 9 meses me di cuenta de que tenía un problema.
Paradójicamente, un problema bueno, pero de esos que no sabes muy bien cómo gestionar.
Llevaba ya dos años escribiendo Una Chica en Finanzas como hobby.
Sin monetizar, sin ningún tipo de estructura, y por supuesto, sin un plan más allá de escribir y publicar cuando a mí me daba la gana, que solía coincidir cuando venían a verme mis musas.
Y de repente tenía miles de suscriptoras, decenas de respuestas por email cada semana, y la sensación incómoda de que algo se me escapaba.
Dinero, mucho dinero.
Nah, es coña… lo que se me escapaba era algo todavía más difícil de ignorar que el propio dinero: era impacto real. Impacto que podría tener todavía más alcance si decidía dejar de tratar esto como un hobby.
Así que después de darle muchísimas vueltas y tener un plan trazado en esencia (porque soy tan analítica que no suelo lanzarme a la aventura nunca), me senté a convertir el hobby en un negocio.
Y aprendí tres cosas que nadie me contó y que me hubiera ahorrado bastante tiempo.
Lección 1. «Nunca parece el momento adecuado para hacer las cosas»
Esta ya me la sabía, porque cuando le daba vueltas a lo de si tener o no tener hijos, que es lo más trascendental que he tenido en mi vida, llegué a la conclusión de que había que lanzarse.
Siempre puedes esperar a un momento mejor: a tener un mejor puesto con un mejor salario, a tener una casa propia en vez de alquiler, a tener más habitaciones, otro coche, etc.
No sé si ves por dónde voy.
Entonces, igual que me pasó con la decisión que tomé con mi marido de ser padres, tuve que hacerlo con la de monetizar mi Substack de algún modo.
Porque como nunca parece el momento adecuado para hacer las cosas, a veces, sólo a veces, es mejor simplemente hacerlo.
Como si le pillaras de improviso al destino, como si no se lo esperara.
Así que, esta vez, en vez de usar un genial trazado plan de los míos, usé un boceto de lo que tenía en mente para ese plan y simplemente lo hice. Luego me he dejado llevar por la inercia y, aunque no me va tan bien como cabría esperar en base a lo que cuentan los gurús del contenido, me va lo suficientemente bien como para poder seguir disfrutando de este proceso y ganarme unas perrillas extra.
A veces es mejor un centímetro de movimiento, que kilómetros de buenas intenciones.
Así que, cualquier cosa que quieras que te pase, preguntarte… ¿Cuál es el centímetro de movimiento que puedo hacer ahora mismo?
Lección 2: «Tener suscriptores no es lo mismo que tener un negocio.»
El primer boletín de mi newsletter, el 23 de agosto de 2023 lo recibieron 6 personas.
El 12 de junio de 2025 superé la barrera de los 1.000 suscriptores.
El 31 de enero de 2026 superé la de los 5.000.
Y el 5 de abril de 2026, la de los 10.000.
Y desde entonces, sólo pienso en que ya quisiera yo que la gráfica de mis inversiones se pareciese a la de mis suscriptores.
En septiembre de 2025, con algo más de 3.000 suscriptores fue cuando se me encendió la bombilla de lo hacer de mi newsletter un negocio.
En ningún momento pensé que, aumentar mi dedicación, lo cuál hice exponencialmente a partir de enero de este año, coincidiendo con mi segunda baja de maternidad, tendría tanta repercusión en la lista de suscriptores.
¿Por qué no me animé a cobrar desde el minuto uno tal y como me sugirió Substack que hiciera?
Porque estaba convencida de dos cosas:
La gente, además de Diógenes, es amante de lo gratis.
Parece que a la peña no le importa tener ruido acumulado en forma de tropecientos mil emails en la bandeja de entrada. Todo son cosas y contenido de alto valor que dejan para después.
Y mientras es gratis, esta relación funciona. Cuando tocas el bolsillo, por poquito que sea, la gente se echa para atrás.
Porque les da igual pagar todas las suscripciones del mercado a grandes empresas como Netflix, Amazon, Apple, etc… pero les duele el bolsillo cuando se trata de pagar a otro para que a ese otro le vaya mejor.Las finanzas personales son un nicho muy complicado.
Escribir sobre finanzas, dinero y demás cosas incómodas es difícil. Hacerlo sin ningún título de asesor o economista que te avale (aunque sólo sea un poquito), desde el anonimato, todavía más.
Para escribir sobre finanzas tienes que ganarte la confianza de tu audiencia. Y eso lleva tiempo. Mucho tiempo.
Así que, construir una relación de confianza no es algo que pase desde el día 1. La gente te tiene que conocer y se tiene que enamorar de ti y de tu proyecto.
Yo siempre intento ser auténtica, desviarme del copy fácil made in Isra Bravo y contar mis verdades y mis errores, que es lo que conozco.
Nunca me aventuro a hablar de algo que no sé o de lo que no piloto lo suficiente, por aquello de que «Se pilla antes a un mentiroso que un cojo».
Y cuando hacía posts largos, hablando de un tema en concreto, eran artículos súper currados, con muchísima investigación detrás, y sin IA. La IA la he empezado a usar en abril, para que me ayude a estructurar todo el contenido que ya he publicado con anterioridad, pero mis textos son 100% humanos.
En resumen, que me voy mazo por las ramas:
Se gana siendo consistente: yo hasta enero de 2026 no empecé a serlo.
Se gana siendo honesta: la gente no quiere más películas de ciencia ficción. Quiere que cuentes todo… y cuanto más fácil se lo pongas, cuanto antes les des el plan para llegar de A hasta B que es donde realmente quieren estar, mejor.
Se gana dando antes de pedir. Dar es el principio del éxito.
«An act of kindness always sparks another»
Lección 3: «Tenía contenido. No tenía un producto.»
Este ha sido el error más caro, en tiempo y en energía. Y el motivo por el que me decidí a pagar una suscripción de Claude, para tener un becario que me ayudara a organizarme.
Durante mucho tiempo Una Chica en Finanzas era simplemente una newsletter en la que mandaba un email a la semana, y ni siquiera, porque he sido de lo más inconsistente por temporadas, sobre lo que me apeteciera.
A veces hablaba de ahorro, a veces de inversión, a veces de mentalidad y a veces me cagaba en el Sistema.
Pero casi nunca había un hilo conductor que me ayudara a llevar a la gente a un sitio concreto.
El problema es que eso no es un producto. Es un blog personal.
Un producto tiene que transformar a quien lo consume. Tiene un antes y tiene un después. Un producto es lo que lleva a alguien del punto A al punto B de manera deliberada.
Me costó entender la manera de enfocar esto. Porque de base, como ingeniera, lo entendía. La gente tiene un problema, hay que solucionar ese problema.
Pero la mente humana no quiere soluciones, quiere transformaciones.
Quien te lee no quiere que le cuentes que vas a solucionar su problema de ahorro y le vas a enseñar a invertir si sigue tu método. Quiere que le digas que se va a poner a partir el puto bacalao con sus finanzas y va a poder llevar la voz cantante.
Cuando entendí esto, rediseñé todo lo que tenía, desde cero.
Hoy tengo una newsletter premium estructurada en cinco bloques, desde la psicología del dinero hasta la inversión práctica, con un proceso claro, construido email a email y que se apoya sobre los emails que sigo mandando a la lista gratuita.
Cada email construye sobre el anterior y hay un destino.
La diferencia en conversión entre «newsletter de finanzas» y «el método para construir tus primeros 100.000€ sin que te cuenten cuentos chinos» es abismal. El contenido puede ser casi el mismo. El encuadre lo cambia todo.
Así que, antes de lanzarte a monetizar, una sola pregunta: ¿a dónde llega tu lector cuando termina de consumir lo que estás construyendo? ¿qué problemas de base le resuelves y cómo puedes conseguir una transformación?
Si no tienes una respuesta clara, tienes contenido pero no tienes un producto.
Y hasta aquí mi periplo por la casa de David. Ha sido un placer compartir este ratito de reflexión con vosotros.
Os invito a que me escribáis, me contéis y construyamos. No hay nada más guay que crear Comunidad, y en eso, David, es un maestro.
Un abrazo y hasta pronto,
Cris - Una Chica en Finanzas.
*Me la juego: antes de final de año, Cris va a estar en 25.000+ suscriptores. Suscríbete ahora para presumir de que te apuntaste gratis cuando “aún no era mainstream”.







Muchas gracias por este post, Cris :)
Ahora mismo voy a seguir a Cris. Muchas gracias a ambos por este artículo.